Vienes a Pamplona en San Fermín.
Todo parece controlado.
Sabes que hay que vestirse de blanco y rojo. Sabes que las fiestas son en julio. Y probablemente has visto más de un vídeo de la Plaza Consistorial.
Entonces alguien te dice:
“Nos vemos después de las dianas, cuando pase la Comparsa, y luego buscamos a la peña”.
Y ahí empiezan los problemas.
Porque durante San Fermín se habla castellano, sí.
Pero también se habla sanferminero.
Así que, para que no tengas que asentir con cara de saber perfectamente de qué están hablando, aquí tienes unas cuantas palabras que conviene aprender antes de venir a Pamplona.

Empezamos por el principio.
Literalmente.
El Chupinazo es el cohete que se lanza desde el Ayuntamiento de Pamplona el 6 de julio a las 12:00 y que marca oficialmente el comienzo de las fiestas.
Antes del cohete: expectación.
Después del cohete: Pamplona cambia completamente.
Y ahora sí.
Ya es San Fermín.

No pañuelo.
Pañuelico.
El pañuelo rojo se anuda al cuello después del Chupinazo y acompaña al atuendo blanco durante las fiestas. Es uno de los símbolos más reconocibles de San Fermín.
¿Lo normal?
Que después termine guardado en algún cajón durante once meses esperando pacientemente a que llegue otra vez julio.
Y se guarda.
Siempre.

Si escuchas hablar de los mozos y mozas durante San Fermín, no están hablando necesariamente de una edad concreta.
Es una forma tradicional de referirse a quienes participan en las fiestas vestidos con el característico blanco y rojo.
Así que ya sabes.
Camisa o camiseta blanca.
Pantalón blanco.
Pañuelico rojo.
Y a Pamplona.

Probablemente esta sí te suena.
El encierro es uno de los actos más conocidos de San Fermín y se celebra cada mañana durante las fiestas. El recorrido atraviesa las calles del casco antiguo hasta llegar a la plaza.
Pero San Fermín es muchísimo más que eso.
De hecho, si vienes a Pamplona pensando únicamente en el encierro, prepárate.
Todavía te queda bastante por descubrir.

Aquí empieza el nivel avanzado.
Las dianas forman parte de las mañanas sanfermineras. La música recorre las calles del casco antiguo desde primera hora y ayuda a despertar a una ciudad que, en realidad, nunca termina de dormirse del todo durante esos días.
O dicho de otra manera:
Si escuchas música muy temprano por las calles de Pamplona...
No.
No estás soñando.

Una peña sanferminera es mucho más que un grupo de amigos.
Son agrupaciones que forman parte esencial del ambiente de las fiestas, cuentan con sus propios locales y salen a las calles acompañadas por charangas.
Las escucharás.
Las verás.
Y probablemente acabarás siguiéndolas alguna vez sin saber exactamente cómo has llegado hasta allí.
Cosas que pasan.

Si vienes con niños, esta palabra la aprenderás bastante rápido.
La Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Pamplona está formada por gigantes, cabezudos, kilikis y zaldikos que recorren las calles acompañados por música.
Para muchos pamploneses, verla pasar no es simplemente otro acto del programa.
Es infancia.
Es tradición.
Y es uno de esos momentos que siguen haciendo ilusión aunque pasen los años.

Son probablemente los miembros más elegantes de la Comparsa.
Los Gigantes de Pamplona bailan por las calles al ritmo de gaiteros y txistularis. La Comparsa cuenta con ocho gigantes que representan cuatro parejas.
Cuando empiezan a girar...
Miras.
Da igual la edad que tengas.

Ya sabes lo que es un kiliki.
Sabes que el pañuelico no es simplemente un pañuelo.
Sabes que una peña no es una roca.
Y cuando alguien diga “Pobre de Mí”, sabrás que la cosa se está acabando.
Con esto ya tienes nivel suficiente para defenderte.
El resto no podemos explicártelo.
Porque hay una parte de San Fermín que no cabe en ningún diccionario.
Hay que estar.
Hay que verlo.
Hay que vivirlo.
Si has estado, lo entiendes.
Y si todavía no has estado...
Luego no digas que no te avisamos.
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