El Casco Viejo, pero a otro ritmo
Estafeta, Mercaderes, la Plaza del Castillo… Son nombres que inevitablemente recuerdan a julio.
En otoño siguen ahí, pero se viven de otra manera.
Es el momento de pasear sin prisas, fijarse en las fachadas, perderse por las calles del Casco Viejo y volver a esos rincones que durante las fiestas están llenos de gente.
Y sí: recorrer tranquilamente el trazado del encierro también tiene su punto.

Otoño también es muy de Pamplona
Los días empiezan a ser más cortos, llegan las primeras chaquetas y los árboles cambian de color.
La Ciudadela, la Vuelta del Castillo o los parques de Pamplona se llenan de tonos propios del otoño y la ciudad enseña una cara completamente distinta a la de julio.
Menos ruido. Menos prisas. Pero la misma Pamplona.

San Fermín se acaba. Lo vivido, no.
Quizá esa sea una de las cosas especiales de Pamplona.
Puedes volver en octubre, noviembre o cualquier otro momento del año y encontrarte con una calle, una esquina o un pequeño detalle que te lleve directamente a julio.
Porque San Fermín dura nueve días.
Pero Pamplona se lleva todo el año.







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