El momento en el que Pamplona dice adiós
El 14 de julio a medianoche, la Plaza Consistorial vuelve a ser el centro de todas las miradas. El Pobre de Mí marca oficialmente el final de los Sanfermines y el regreso de Pamplona a su ritmo habitual.
Después de nueve días de blanco y rojo, encierros, música, Gigantes y calles llenas de gente, llega el momento de despedirse.
Y cuesta.

Una plaza llena de pañuelos y emoción
Si el Chupinazo es ruido, nervios y ganas de empezar, el Pobre de Mí tiene una energía completamente diferente.
Los pañuelos rojos se levantan, la gente se reúne en la Plaza Consistorial y sus alrededores y llega ese momento en el que todos saben que San Fermín se ha terminado.
Es una mezcla extraña: cansancio, nostalgia, emoción y recuerdos de todo lo vivido durante esos nueve días.
Porque hasta quien lleva toda la semana diciendo que necesita descansar sabe que, cuando llega el momento, da pena que se acabe.

Ya falta menos
Pero en Pamplona las despedidas duran poco.
El final de unas fiestas significa también que empieza la cuenta atrás para las siguientes. El blanco y rojo vuelve al armario, las calles recuperan poco a poco la normalidad y queda todo un año por delante.
Hasta que vuelva a ser 6 de julio.
Por eso el Pobre de Mí emociona tanto. No es solamente el final de San Fermín.
Es despedirse de nueve días que Pamplona espera durante todo el año.
Y desde ese mismo momento… ya falta menos.







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